
"Buenas tardes, señorita, ¿En qué puedo ayudarle?" Preguntó la sobre cargo.
"¿Qué no lo ve?" No lo entiendo. Debe ser una broma. Me colocaron al lado de este señor. Está viejo, huele desagradable y se ve sucio. Debería haber lugares especiales para los viejos.
No soporto estar al lado de él, exijo que me cambien de asiento ahora mismo". -Respondió la joven-
"Por favor, señorita, cálmese. Casi todos los asientos están ocupados, pero permítame ver qué puedo hacer, probablemente encuentre un lugar disponible, me encargaré de resolver la situación". -Contestó la azafata-
Los pasajeros cercanos a esos asientos escucharon todo. La mayoría observaba la escena con sorpresa y disgusto, ya que el señor vestía correctamente y no se veía que estuviera sucio o tuviera mal olor. Sin embargo, todos fueron testigos mudos de lo que ahí sucedía.
Desconcertada ante lo que acababa de pasar, la azafata se alejó y luego de unos minutos regresó al lugar de la señorita, mientras el hombre, sentado al lado de aquella insolente joven, muy avergonzado mantenía la cabeza baja.
"Señorita, tal y como lo comenté antes, no hay ningún asiento desocupado en la clase turista. Lo platiqué con el comandante y me confirmó que todos los lugares están ocupados, no obstante, tenemos uno en primera clase".
El brillo en los ojos y una sonrisa malévola de alivio invadieron el rostro de aquella joven mujer al sentirse victoriosa, pero antes de que pudiera decir una sola palabra, la azafata continuó sonriente con su mensaje.
Es inusual permitir que alguien de la clase económica pueda cambiarse a primera clase, sin embargo, luego de explicarle la situación al capitán y dadas las circunstancias, él también encuentra de muy mal gusto e incluso irrespetuoso, obligar a alguien a sentarse junto a una persona tan "desagradable" durante todo el vuelo. Así que el capitán coincide con usted en que debería de haber lugares especiales para los "viejos".
El resto de los pasajeros, miraban indignados aquella escena, nadie podía dar crédito a semejantes palabras...
Entonces, dirigiendo su mirada por completo al hombre mayor, la azafata continuó diciendo:
"Así que, si el señor lo desea y me lo permite, puedo acompañarlo a su nuevo asiento, ya que un lugar en primera clase lo espera".
Lágrimas de agradecimiento escurrieron de los ojos del hombre, quien orgulloso, se levantó del asiento y caminó al lugar que le fue asignado.
Sorprendidos, todos los pasajeros aplaudieron con alegría al hombre mientras este daba las gracias con una gran sonrisa y se dirigía con dignidad hacia su nuevo asiento.
La mujer en cambio se veía avergonzada, molesta quizás y sorprendida por la forma en que el anciano era ovacionado.
Tal y como lo muestra esta historia, la sabiduría y paciencia de las personas mayores es basta. Con frecuencia olvidamos que la vejez es parte de la vida y que todos apuntamos en esa misma dirección.
La violencia contra los ancianos en la actualidad está tomando diversas formas, en su mayoría invisibles para la sociedad, son un drama cotidiano del que es preciso tomar conciencia y ante el cual podemos hacer frente con un auténtico cambio de mentalidad.
La invitación hoy es a vivir una vida con valores. Recordemos que toda vida es finita y a pesar de que cada etapa tiene su propio encanto y belleza, con la vejez, llegan retos e inconvenientes para los cuales, no estamos preparados. Seamos empáticos con los adultos mayores. Apreciemos su vida y valoremos su experiencia. Cooperemos para que vivan con alegría, respeto y dignidad.
Cuidemos de nuestros adultos mayores, ayudemos a que vivan protegidos. Cuidar de ellos, es cuidar de nosotros y de nuestra humanidad...
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