
Había una vez una rosa blanca muy bella, se sentía de maravilla al saber que era la rosa más bella del jardín. Sin embargo, se daba cuenta de que la gente la veía de lejos.
Indignada por sus propios pensamientos, le ordenó al sapo que se fuera de inmediato.
Tú, viejo sapo y feo, vete de mi lado.
Le preguntó entonces:
¿Qué te ha pasado? Vaya que no te ves bien.
La rosa contestó: No lo sé. Desde que te fuiste, las hormigas y otros insectos llegan a mí, suben y bajan por mi tallo, me dan pequeñas mordidas, me lastiman, me están comiendo lentamente. No puedo remediarlo. Nunca pude volver a ser igual.
El sapo solo contestó: Es una pena. Lo siento mucho. Yo permanecía a tu lado por la misma razón. Para mí eras la flor más bella y quería cuidarte, protegerte. Por eso quería estar a tu lado. Así alejaba y comía a los insectos para que pudieras seguir siendo la más bella rosa del jardín.
Muchas veces no nos damos cuenta de lo que otras personas hacen por nosotros. No apreciamos su presencia ni su ayuda. Sea esta pequeña historia una invitación a valorar la presencia de las personas en nuestras vidas. A valorar la forma en que nos dan lo mejor de sí mismas. Fomentemos la unión. el agradecimiento, el amor y las buenas relaciones.
El sapo muy obediente dijo: Está bien, si así lo quieres, eso haré.
Poco tiempo después el sapo pasó por donde estaba la rosa y se sorprendió al ver a la rosa totalmente marchita, sin hojas y sin pétalos.
Poco tiempo después el sapo pasó por donde estaba la rosa y se sorprendió al ver a la rosa totalmente marchita, sin hojas y sin pétalos.
Le preguntó entonces:
¿Qué te ha pasado? Vaya que no te ves bien.
La rosa contestó: No lo sé. Desde que te fuiste, las hormigas y otros insectos llegan a mí, suben y bajan por mi tallo, me dan pequeñas mordidas, me lastiman, me están comiendo lentamente. No puedo remediarlo. Nunca pude volver a ser igual.
El sapo solo contestó: Es una pena. Lo siento mucho. Yo permanecía a tu lado por la misma razón. Para mí eras la flor más bella y quería cuidarte, protegerte. Por eso quería estar a tu lado. Así alejaba y comía a los insectos para que pudieras seguir siendo la más bella rosa del jardín.
Muchas veces no nos damos cuenta de lo que otras personas hacen por nosotros. No apreciamos su presencia ni su ayuda. Sea esta pequeña historia una invitación a valorar la presencia de las personas en nuestras vidas. A valorar la forma en que nos dan lo mejor de sí mismas. Fomentemos la unión. el agradecimiento, el amor y las buenas relaciones.
De María Gada
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